martes, 26 de febrero de 2013

Flores...


El lenguaje de las flores es todo un mundo. Para gustos los colores, y como no, para gustos son las flores.
Cuenta una leyenda griega, y no es invención mía, que un buen día una bella diosa se perdió en el bosque hasta llegar a un lugar donde abundaba el fango y se hundió. Este espacio había sido creado por los dioses para los seres cuyo destino había sido fracasar en la vida. Pero la joven diosa luchó miles y miles de años hasta que logró salir de allí convertida en una bella Flor de Loto; simbolizando así el triunfo de la perseverancia ante situaciones adversas.
Para la india, su símbolo nacional actual, simboliza divinidad, fertilidad, pureza, belleza, riqueza, conocimiento e ilustración. Y para los budistas, esta flor que se alza sobre el agua, sirve como trono para Buda, indicando procedencia divina. También para la cultura China, el Loto, ha sido de vital importancia, ya que su fruto ha sido utilizado para fines medicinales, aromáticos, gastronómicos y sedantes.
Es por eso que desde que conozco esta leyenda, tengo predilección por la Flor de Loto. A todos en esta vida nos ha tocado vivir episodios donde, según las circunstancias, hemos tenido que ser perseverantes para conseguir nuestros objetivos y salir de situaciones que nos han sido adversas. Todos hemos sido pues, esa Flor de Loto.
Pero no solo posee belleza dicha flor. Como he mencionado anteriormente, el lenguaje de las flores es todo un mundo. Cada flor posee un significado que la caracteriza. Nos pueden gustar varias, pero todos tenemos predilección por una en concreto. Yo he elegido a cuatro en este poema que mejor me definen y más me gustan… porque hay tantas por las que apostaría, que nunca, y en esta ocasión, conseguiría que la palabra me abandonara. Desde la rosa, por su amor, su belleza, romanticismo, agradecimiento, e incluso por los celos por ser la rosa amarilla quien la caracteriza, pasando por la seducción, sensualidad, erotismo y pureza en el amor de la bella orquídea. Y desde el lado salvaje y delicado de la amapola, hasta la belleza suprema y constancia de la Flor de Loto.

Cuatro flores son, cuatro, para definir la belleza y el amor de una sola mujer.

Te debo tantas flores, ¡tantas! por ser tú, mujer, la reina de todas ellas…

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en este caso, debería ser todo un placer.



Flores

Te debo flores.
Te pienso en rojo,
y aquí tan cerca
te siento rosa.
Te pienso en blanco,
e igual que antes,
te siento rosa.
Y te quiero rosa.
Te busco mía.
Y te quiero orquídea.
A veces ella,
a veces rosa,
te pienso bella.
Así tan pura.
Y siempre mía.
Te debo flores,
bella amapola.
Y así salvaje,
(a ti)
así te quiero.
A veces rosa,
otras orquídea,
…y amapola.
Paleta de colores
en la lejanía.
Te siento cerca,
te busco mía,
te pienso bella,
mi Flor de Loto.
Las más queridas,
la más hermosa,
y solo hay una,
mujer bonita,
te debo flores.




(Flores, 2013)

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