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Mostrando entradas de septiembre, 2011

Tentación...

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Dime tú, ¿a qué sabe el pecado? 
El pecado me sabe a ti… A tu voz entrecortada. Al perfume de tu piel. A sábanas mojadas. A noches prohibidas sin fin. El pecado me sabe mejor, si estás tú.



Dime tú, ¿a qué sabe el pecado?
Si te hicieran esta pregunta, ¿qué responderías? ¿lo has pensado alguna vez?
Quién no conoce los hechos del “pecado original”, el primer pecado que se conoce de la historia. Aquel donde, una vez Dios habiendo enviado a Adán y Eva, padres de toda la humanidad, al Jardín del Edén, estos, y tentados por la serpiente, comieron del único árbol que tenían prohibido, desobedeciendo así las órdenes que su superior les había dado. Y fueron, al fin, expulsados del paraíso.
Historia a parte, y sin que sirva de precedente, el pecado puede ser el trago más amargo. Pero también puede ser el más dulce de todos. O bien, un contraste de sabores, porque no. Si es así, a mi modo de pensar, el pecado se saborea mucho mejor. Pero claro está, podemos pecar de muchas maneras, ya sea de palabra, de p…

Nostalgia de un abrazo...

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Te extraño entre mis brazos, y aunque agotados ya mis párpados, buscándote, abrigo el recuerdo en tu ausencia, hasta tu regreso. Necesito extrañarte, arropar el capricho de amarte, y recordarte. Son pensamientos en voz alta. Y es que la nostalgia se apoderó de mí y de mis sentimientos un día cualquiera abrigándome también entre ellos, entre las raíces de la soledad y del intenso frío del invierno de mi corazón. Soledad, soledad ambulante que transita por mi piel. Que se aposenta sin permiso llenándome de tristeza y cubriendo mi sonrisa a la espera de que amanezca una vez más. Gélidos son sus sentimientos, pero cálida es la ilusión que habita tras ellos. Te extraño yo, y te extraña mi cuerpo, y te extraña mi abrazo, y te sigo extrañando entre mis brazos. Nostalgia de ti y de tu cobijo.





(27 Septiembre 2011)

Deseo...

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Haz del néctar de tu boca miel para mis labios...  ¡y derrámate en mis sentidos! 



(26 septiembre 2011)

Amantes en la piel del sueño…

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Y de repente tu boca se tiñe del más absoluto silencio. Nada, ni un suspiro en el aire, ni tan solo el aliento vagando en el espacio… silencio y paz… y el abrazo de dos amantes yacentes en la piel del sueño.
Un instante atrás nada era silencio… todo era pasión y desenfreno. Nada era un sueño vago. Todo era real y sentido. Todo era sentido y esencia. Todo eras tú, todo, absolutamente todo. Y era tu todo aquello que yo amaba.  Me deshacía en halagos para tu piel, llenándote de caricias. Despertaba en cualquier rincón de tu cuerpo, embriagado. Y tú, mientras tanto, danzabas serena encima de sábanas blancas. Y encima de ti yacía yo amándote. Te movías al son del amor desatando pasiones… y yo moría por verte así entre mis brazos. Bebía de ti y no me bastaba. Sentía que tú suspirabas, y yo deseaba que esto nunca acabara. Sabía que tarde o temprano amanecería, pero sabía también que el mañana volvería a ser hoy, y así tú siempre me amarías.  La noche seguía prendiendo la llama. El placer reinab…

Dile a la luna...

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Estoy celosa de la luna, sí, lo estoy. Estoy celosa de ella, de esa espléndida dama blanca, de su mirada enamorada, de ese brillo que la envuelve. Estoy celosa porqué yo no soy como ella y por qué a mí no me cubre un manto de estrellas. Estoy celosa, pero a la vez, yo la quiero. Sí, la quiero.  Es hermosa, muy hermosa. Me tiene presa cuando es luna llena. Me pierdo en esa mirada enamorada que ella tiene, me pierdo en su luz, en su brillo, me abrazo a ella y la acaricio. La acaricio con suavidad. Y la envuelvo así, así como puedo envolverte a ti con un abrazo. Me acurruco en ella y soy feliz. Soy feliz por qué ella me tiene a mí y yo la tengo a ella. Soy feliz solo de verla, de saber que cuando se va, siempre acaba regresando. Soy feliz al contemplarla. Y soy feliz cuando hablo de ella. Quisiera ser luna y brillar con luz propia, quisiera ser pero no lo soy. Pero me basta tan solo con observarla y llenarme de ella, de su magia, de su luz, de su radiante belleza. Me basta con admirarla y …

A Flor de Piel…

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En el tiempo, la distancia.
En mis sueños, tu presencia. En mi boca, la palabra desnudándose lentamente. Tiembla la piel ante el susurro. Se posa el verbo, y palpita mi cuerpo también desnudo, como la palabra. Y los sentidos se desvanecen, resurgiendo intensamente en el espacio prolongado de un instante… A tu lado, presos de placer. Quimera en la almohada. Caricias de miel en mis entrañas. Y brotes de pasión, escriben la canción, de un amor, de una historia jamás contada. ¡Oh, amor mío! Desnuda la palabra. Desnudo ya mi cuerpo, tu cuerpo. Desnúdame de mis miedos y róbame el aliento. Escríbeme el suspiro. Esboza mi gemido. Y mece cada letra, cada soplo, cada eco que tu garganta atrapa como un halo de deseo guardado en su memoria, ¡a flor de piel! A la luz de la luna el silencio grita su momento, y la canción, abrazada a tu silueta, se duerme perenne en mis pupilas, exhausta.