jueves, 29 de septiembre de 2011

Tentación...

 Dime tú, ¿a qué sabe el pecado? 

El pecado me sabe a ti…
A tu voz entrecortada.
Al perfume de tu piel.
A sábanas mojadas.
A noches prohibidas sin fin.
El pecado me sabe mejor, si estás tú.




Dime tú, ¿a qué sabe el pecado?

Si te hicieran esta pregunta, ¿qué responderías? ¿lo has pensado alguna vez?

Quién no conoce los hechos del “pecado original”, el primer pecado que se conoce de la historia. Aquel donde, una vez Dios habiendo enviado a Adán y Eva, padres de toda la humanidad, al Jardín  del Edén, estos, y tentados por la serpiente, comieron del único árbol que tenían prohibido, desobedeciendo así las órdenes que su superior les había dado. Y fueron, al fin, expulsados del paraíso.

Historia a parte, y sin que sirva de precedente, el pecado puede ser el trago más amargo. Pero también puede ser el más dulce de todos. O bien, un contraste de sabores, porque no. Si es así, a mi modo de pensar, el pecado se saborea mucho mejor.
Pero claro está, podemos pecar de muchas maneras, ya sea de palabra, de pensamiento, de deseo…; o podemos no hacerlo. Y en definitiva, cuando es el deseo el  que entra en acción, no deja de ser un aliciente más y, a nadie le amarga un dulce, ¿verdad?  Dicen que la vida no se mide por los momentos que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento… y este puede ser uno de ellos; basta solo que tú lo quieras.
Piensa, piensa a qué te sabe a ti y saborea tu respuesta, yo ya te he dejado la mía.
¿Te atreves?





(22 - 28 septiembre 2011)

Nostalgia de un abrazo...


Te extraño entre mis brazos,
y aunque agotados ya
mis párpados,
buscándote,
abrigo el recuerdo
en tu ausencia,
hasta tu regreso.
Necesito extrañarte,
arropar el capricho de amarte,
y recordarte.
Son pensamientos en voz alta.
Y es que la nostalgia
se apoderó de mí
y de mis sentimientos
un día cualquiera
abrigándome también entre ellos,
entre las raíces de la soledad
y del intenso frío del invierno
de mi corazón.
Soledad,
soledad ambulante
que transita por mi piel.
Que se aposenta sin permiso
llenándome de tristeza y
cubriendo mi sonrisa
a la espera de que amanezca
una vez más.
Gélidos son sus sentimientos,
pero cálida es la ilusión
que habita tras ellos.
Te extraño yo,
y te extraña mi cuerpo,
y te extraña mi abrazo,
y te sigo extrañando
entre mis brazos.
Nostalgia de ti y de tu cobijo.






(27 Septiembre 2011)

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Deseo...


Haz del néctar de tu boca miel para mis labios... 
¡y derrámate en mis sentidos! 




(26 septiembre 2011)

sábado, 24 de septiembre de 2011

Amantes en la piel del sueño…


Y de repente tu boca se tiñe del más absoluto silencio. Nada, ni un suspiro en el aire, ni tan solo el aliento vagando en el espacio… silencio y paz… y el abrazo de dos amantes yacentes en la piel del sueño.

Un instante atrás nada era silencio… todo era pasión y desenfreno. Nada era un sueño vago. Todo era real y sentido. Todo era sentido y esencia. Todo eras tú, todo, absolutamente todo. Y era tu todo aquello que yo amaba. 
Me deshacía en halagos para tu piel, llenándote de caricias. Despertaba en cualquier rincón de tu cuerpo, embriagado. Y tú, mientras tanto, danzabas serena encima de sábanas blancas. Y encima de ti yacía yo amándote. Te movías al son del amor desatando pasiones… y yo moría por verte así entre mis brazos. Bebía de ti y no me bastaba. Sentía que tú suspirabas, y yo deseaba que esto nunca acabara. Sabía que tarde o temprano amanecería, pero sabía también que el mañana volvería a ser hoy, y así tú siempre me amarías. 
La noche seguía prendiendo la llama. El placer reinaba en la estancia, inundando el momento donde el verbo hizo su entrada. Amor me gritabas tú, amor me llamabas… y yo respondía a tu voz con el mismo deseo que tú susurrabas.
No había prisas, ni tampoco silencio entonces… el mar se agitaba bravo alrededor nuestro y nosotros sentíamos que aquello era solo el comienzo.
Sentía… sentía el universo encima de mí. Sentía el delirio creciente en mi cuerpo. Sentía que yo, ya formaba parte de ti. Y mientras, seguía rendido sintiendo tu piel hablando a mi piel. ¡Y qué hermoso diálogo!
Se llenaban mis manos de eternas sensaciones para el recuerdo. Agitadas asían con ganas parte de ti, en cada lugar que paraban deseaban quedarse, y a la vez, deseaban seguir más y más. 
Devoraba, me perdía, suspiraba y seguía. Y seguía, entregado, al amor y al deseo.
Devorabas, me buscabas, suspirabas y repetías. Y repetías que no parara de seguir amándote… 
Y así, amándonos, vencimos al sueño, y cómplices de nuestro amor vaguemos sin rumbo hasta el amanecer.
Mientras, los corazones latían y latían, y el amor desatado seguía seduciendo la noche que cubría de rocío dos cuerpos unidos entre sábanas mojadas. 
Espléndida era la noche, como esplendido era tu cuerpo desnudo entre mis brazos.
Y desnuda, abrazada a mí, te acerqué con deseo, elevándote. Y entregados, entrelacé tus labios que en aquel momento musitaban mi nombre, y entonces tú, enhebraste la mirada confirmando el momento ansiado. Y al fin, pronunció la llegada el suspiro anunciando el eclipse final. 
Eco y placer, y después, nada, o sí, …silencio y paz, …y el abrazo de dos amantes yacentes en la piel del sueño.

Eternamente a tu lado…





(23 septiembre 2011)

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Dile a la luna...


Estoy celosa de la luna, sí, lo estoy. Estoy celosa de ella, de esa espléndida dama blanca, de su mirada enamorada, de ese brillo que la envuelve. Estoy celosa porqué yo no soy como ella y por qué a mí no me cubre un manto de estrellas. Estoy celosa, pero a la vez, yo la quiero. Sí, la quiero. 
Es hermosa, muy hermosa. Me tiene presa cuando es luna llena. Me pierdo en esa mirada enamorada que ella tiene, me pierdo en su luz, en su brillo, me abrazo a ella y la acaricio. La acaricio con suavidad. Y la envuelvo así, así como puedo envolverte a ti con un abrazo. Me acurruco en ella y soy feliz. Soy feliz por qué ella me tiene a mí y yo la tengo a ella. Soy feliz solo de verla, de saber que cuando se va, siempre acaba regresando. Soy feliz al contemplarla. Y soy feliz cuando hablo de ella.
Quisiera ser luna y brillar con luz propia, quisiera ser pero no lo soy. Pero me basta tan solo con observarla y llenarme de ella, de su magia, de su luz, de su radiante belleza. Me basta con admirarla y saber que nunca me va a fallar, aunque yo esté celosa de ella... de mi preciosa dama blanca.



Dile a la luna, que tú, me sueñas envuelta en saliva,
...rocío que guardas siempre en tus labios.

Dile a la luna, que tú, me sueñas desnuda abrigada a ti,
abrigada a tu cuerpo, piel con piel.

Dile a la luna, que tú, sueñas conmigo, siempre conmigo.

Dile a la luna, pregúntale, por qué es ella quién vela tus sueños.

Dile a la luna, pregúntale haber, si es que está celosa de tus besos,
de tus manos acariciando mi piel, de tus sueños cada anochecer...
si está celosa de mí, pregúntaselo.

Dile a la luna, pregúntale el por qué, ella nos mira,
porqué ella nos contempla continuamente al amarnos tú y yo.

Y dile a la luna también, que yo le tengo celos porqué tú te hablas con ella
y ella nos mira a los dos... en tus sueños.

Pero dile a la luna, que tú, que tú eres quién me amas, 
y que yo, te amo también.

Díselo a la luna, ...¡amor!

Y díselo, con el corazón.



"¿Será la luna? ¿o eres tú?
Será la luna, o es tu recuerdo que prende cada noche después del atardecer.
Será la luna que me llena de magia, que penetra en mi ser, que invade mis sentidos.
Será ella que me cubre con su manto de luz y terciopelo todas las noches cuando es luna llena.
Pero eres tú, eres tu quién me abrigas entre tus brazos, quién acaricia mi piel, quién renace en mi cuerpo y muere en mi gemido.
Eres tú quién me amas cada anochecer.
Eres tú, y es la luna que nos contempla al amarnos.
Y es la luna la que vela por nosotros. Así, toda ella, grande, espléndida... dama blanca por excelencia... luna llena.
Es la luna y eres tú... ¡mi amor!"




12 Septiembre 2011 ...luna llena.

jueves, 1 de septiembre de 2011

A Flor de Piel…


En el tiempo, la distancia.
En mis sueños, tu presencia.
En mi boca, la palabra
desnudándose lentamente.
Tiembla la piel ante el susurro.
Se posa el verbo,
y palpita mi cuerpo también desnudo,
como la palabra.
Y los sentidos se desvanecen,
resurgiendo intensamente
en el espacio prolongado
de un instante…
A tu lado,
presos de placer.
Quimera en la almohada.
Caricias de miel en mis entrañas.
Y brotes de pasión,
escriben la canción,
de un amor,
de una historia jamás contada.
¡Oh, amor mío!
Desnuda la palabra.
Desnudo ya mi cuerpo, tu cuerpo.
Desnúdame de mis miedos
y róbame el aliento.
Escríbeme el suspiro.
Esboza mi gemido.
Y mece cada letra, cada soplo,
cada eco que tu garganta atrapa
como un halo de deseo
guardado en su memoria,
¡a flor de piel!
A la luz de la luna
el silencio grita su momento,
y la canción, abrazada a tu silueta,
se duerme perenne en mis pupilas,
exhausta.
En el tiempo, en mis sueños,
en mi boca…
tu presencia no es distancia,
y la palabra es deseo
de tu presencia en mis sentidos…
desnuda de piel.





(Agosto - Septiembre 2011)