viernes, 19 de abril de 2013

Mi rosal…



Mi rosal…

Era en el mes de abril donde el silencio se ocultaba tras un grito de esperanza. Era en ese tiempo de otoño oculto en la primavera de nuestros días, que los colores se resumían en unas cuantas hojas secas caídas en el suelo; y alguna flor marchita de añoranza. No había mayor deseo que el de su presencia. No había mayor necesidad que la de su belleza. No había mejores momentos que los de su nacimiento. Y esa espera de una primavera anticipada ocurría todos los inviernos. Y en cada estación se libraba una batalla. No me valía cualquiera. Quería a la rosa que florece en mi rosal… así, tan bella y ansiada ella.

Era a ella a quien  yo quería; sin desmerecer a ninguna otra… solo a ella.

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Todo lo que en esta vida se ‘cultiva’ con ilusión y esperanza, se valora mucho más. Una amistad, un silencio pretendido, un amor correspondido, un sueño conseguido; y tantas y tantas cosas…
Hoy están aquí, mañana Dios sabe.




(Mi rosal, 2013)


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