viernes, 3 de mayo de 2013

Nostalgias del ayer y mías...


Cuando la vida te da la mano a veces se tiene la sensación de que las cosas son mucho más fáciles. Otras veces no es así. El hombre por naturaleza tiende a complicárselas muchas veces. Las nostalgias son recuerdos de nuestro viaje continuo del día a día. Y aunque vivamos en presente, el ayer resta siempre entre nosotros. Otra cosa distinta es que vivamos anclados a él. Pero muchas veces en nuestros ratos de soledad andamos hurgando en esos momentos; esos recuerdos felices o no de los años que van arrugándonos la piel, pero no el alma. Siempre habrá una lágrima, una sonrisa, una mirada hacia ellos; los sentimientos no pueden esconderse,  mucho menos las personas que se han subido a nuestro tren.
El ayer sabe tanto de nosotros como nosotros sabemos de él. De todas maneras, haz de tu vida un tiempo presente sin olvidar todo lo que has vivido hasta hoy.
Todo en esta vida son lecciones y las nostalgias se encargan muchas veces de recordárnoslas, aunque el olvido se meta de por medio. Todo tiene un ‘por qué’.


Nostalgias del ayer y mías

Qué sabe el ayer de mí…
qué sabe él de mis nostalgias.
Dónde aprendió a guardarlas,
si de mí el olvido hizo su otro yo.

Oscuro paraíso de infinitas lunas;
de recuerdos postrados en la lejanía.
Aquí, tan cerca de mí,
y a la vez tan perdida.

No cabe el verso en mi garganta,
no cabe.
Me alimento de rutinas
y de momentos esclavos del silencio.

Y de ese ayer que navega a su antojo
en mis entrañas;
sin yo saber nada,
o quizá, sabiéndolo todo…

 ¿Dónde fue a parar la primavera?
¿Dónde se escondieron las margaritas?
¿En qué lugar se cruzó el olvido?
En qué lugar se cruzó conmigo…

Qué sabe el ayer de mí
y de mis nostalgias,
qué sabe él, dime.
Y qué sé yo.




(Nostalgias del ayer y mías, 2013)


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